En la metrópoli tecnológica de Shenzhen, China despliega innovaciones como drones que entregan bebidas directamente a peatones en puntos de aterrizaje urbanos, atrayendo a locales y turistas.
Un reportaje destaca taxis autónomos sin conductor, equipados con software chino en autos japoneses, que realizan giros en U fluidos en tráfico real pese a desafíos.
El presidente Xi Jinping impulsa estas tecnologías bajo su "gran sueño" de modernizar China para mediados de siglo, declarando la zona como área económica especial desde los 80, transformando un pueblo pesquero en una megaciudad de 18 millones de habitantes con récord de rascacielos.
Advierten sobre peligros de la relación con China, como espionaje industrial, dependencia europea de sus suministros y ambición nuclear con más de mil ojivas para 2030, mientras promueve autos eléctricos masivamente frente a debates occidentales.
Empresas como Tencent y Huawei lideran, mostrando cómo China supera a Occidente en innovación rápida, aunque bajo control autocrático del Partido Comunista.