El politólogo Michael Beckley afirma que el ascenso imparable de China como potencia económica llega a su fin debido a problemas estructurales.
Una burbuja inmobiliaria masiva obliga a demoler edificios nuevos, mientras la contaminación destruyó el 40% de las tierras agrícolas, convirtiendo a China en el mayor importador de alimentos.
El envejecimiento poblacional invirtió la pirámide demográfica, complicando el crecimiento rápido que caracterizó al país en la última década.
Factores demográficos y ecológicos frenan el dinamismo económico chino actual.