El club de natación de invierno en Sopón, Polonia, celebró San Valentín con un chapuzón grupal en las aguas heladas del mar Báltico, dedicado a Toti Vidal.
La temperatura del aire alcanzó los -5 grados y el agua estuvo a 1,5 grados, sin traje de neopreno pero usando guantes y gorros para conservar el calor en la cabeza.
Los participantes experimentan una descarga de adrenalina, según Eva Radwalskova, que genera amor por los demás en medio del frío extremo audible y la espuma de nieve.
Son personas entrenadas que saben nadar en aguas heladas, no apto para cualquiera, lo que libera endorfinas y produce felicidad.