Ricardo Arjona genera controversia con un monólogo donde reivindica el bullying escolar como forma de forjar carácter, comparándolo con 'pecados capitales' de la escuela y defendiendo apodos a gorditos o brutos.
Los panelistas lo critican duramente, lo tildan de patético y aseguran que él fue bully, no víctima, destacando casos graves como suicidios de niños en Italia por acoso.
Argumentan que hoy el bullying causa daños mentales irreversibles y muertes, no como antes cuando se lo tomaba a la ligera, y cuestionan que su público de madres aplauda tales dichos.
Casos personales como apodos a Pachano y otros panelistas ilustran el debate, pero coinciden en que no se puede reivindicar algo tan dañino para los niños actuales.