Los paleontólogos continúan su trabajo en las orillas del lago El Chocón, en la Patagonia rionegrina, donde registran datos de campo con GPS, esquemas geológicos de formaciones como Wingull y Candelero, y describen litologías para reconstruir paleoambientes a partir de fósiles como raíces y huesos expuestos.
Encuentran múltiples marcas de dientes carnívoros en un hueso grande de saurópodo, incluyendo un diente impresionante de 7 centímetros con canaletas para aire, curva como cuchillo, esmalte brillante y punta afilada, evidencia de carroñeo por depredadores que perdían dientes al comer carroña.
Protegen el fósil envolviéndolo en yeso y tela de arpillera para formar un bochón resistente, delimitan el área con papel higiénico para evitar adherencias, lo transportan al museo y allí lo limpian grano por grano, reconstruyen fracturas y extraen del sedimento sin dañar la estructura.
El equipo agradece accesos como el de Enzo y detalla el proceso desde la muerte del animal hasta el estudio científico actual, enfatizando la fragilidad de los fósiles cretácicos.