La Guardia de Frontera cubana interceptó una lancha con matrícula de Florida, EE.UU., en aguas territoriales al norte de la isla; los ocupantes dispararon contra los efectivos, matando a cuatro guardias e hiriendo a seis.
Según autoridades cubanas, la embarcación transportaba a diez personas armadas, cubanos residentes en EE.UU., en una supuesta infiltración terrorista; seis sobrevivientes están internados en un hospital de La Habana.
El presidente Miguel Díaz-Canel afirmó que Cuba defenderá con determinación ante cualquier agresión terrorista.
Desde EE.UU., el secretario de Estado Marco Rubio indicó que Washington realizará su propia verificación y llegará a sus propias conclusiones sobre el incidente.