Nicolás, de 25 años, estuvo preso 6 años en un instituto de menores y fundó su propia biblioteca al salir.
La lectura le sirvió como vía de escape y recuperación durante la cárcel, por lo que decidió crear la biblioteca con sus manos.
Es un caso conmovedor de superación que da esperanza, mostrando cómo la educación acerca a la resocialización pese a las dificultades en cárceles.
Contrasta con el problema general de que pocos logran resociabilizarse tras caer presas.