El pastor enfatiza que el matrimonio es un diseño divino desde Génesis 2.24 y Marcos 10:6-9, donde el hombre deja a sus padres para unirse a su mujer como una sola carne. No es mera intimidad sexual, reservada exclusivamente al matrimonio, sino que requiere requisitos bíblicos estrictos para ser sellado y aprobado por Dios bajo cielos abiertos.
Primer requisito: declaración pública con ceremonia, fiesta y compromiso ante testigos y Dios, no secreto. Segundo: pacto matrimonial entre hombre, mujer y Dios, como en Malaquías 2.14 y Proverbios 2.17, con votos fieles de por vida; sin pacto es fornicación y pecado.
Tercer requisito: derecho bíblico para casarse, solo solteros (1 Corintios 7:8-9), viudos (Romanos 7:2-3) y cónyuges inocentes divorciados por fornicación (Mateo 19:9). Ejemplo: parejas del mismo sexo con pacto público y aprobación civil no son reconocidas por Dios. Herodes y Herodías se casaron civilmente con la esposa del hermano Felipe, pero Juan el Bautista denunció: "No te es lícito tenerla", era adulterio contra la ley divina.
Juan insistía por la salvación eterna de Herodes y Herodías; el arrepentimiento precede al perdón (Lucas 24:47, Hechos 11:18, Lucas 13:5). Sin arrepentir pecados como adulterio, no hay perdón ni vida eterna, se va al infierno. Arrepentimiento exige cambio de vida, abandonar pecado con frutos dignos (Lucas 3:8), no solo tristeza.
Herodes debía dejar a Herodías o perecer; Dios perdona solo pecados confesados y abandonados. Cristo invita a salvación, pero exige obediencia: confesar, arrepentir y cambiar para vida eterna.