Luis Scola, radicado en Varese, Italia, dirige Palacanestro Varese y tiene cuatro hijos. Compara el básquet a una receta de talento, entrega y mentalidad, y detalla su transición de jugador a gestor para seguir impactando en el deporte. Domina español, italiano, inglés y unas 2000 palabras de chino aprendidas en su carrera.
Recuerda su pasión por el básquet iniciada con su padre en los 80, viendo partidos en VHS en PAL/NTSC en casa de la abuela cerca de Ferro. Su mamá era innovadora para la época, trabajaba y viajaba sola por Europa. Habla de la relación padre-hijo como dispar: das todo y recibes desplantes adolescentes, pero es increíble. Sus hijos se parecen a él, duros para expresar amor, y ahora entiende lo que su padre hizo por él.
Scola se define como un campo de batalla de virtudes y defectos, contradicciones apasionantes citando a Nietzsche vía Darío Sztajnszrajber. No cambiaría nada a su yo joven de 16 años, rebelde. Como padre de jugadores en su club, ve el juego en cámara lenta por experiencia, anticipa jugadas sin nerviosismo, sensación compartida con Manu Ginóbili.
Explica que Argentina es difícil de describir afuera, con desafíos pero atractiva: ¿por qué volvemos siempre?, como Andrés Calamaro presentado como el que siempre vuelve. Critica la polarización local, difícil discutir con quien piensa distinto, pregunta si es muy argentina comparado con Italia.