El pastor pregunta si la vida, matrimonio, familia o ministerio están fríos y llama a encender el fuego de la gloria del Señor mediante una vida apasionada de adoración, enfatizando que no hay avivamiento sin sacrificio, renuncia y transpiración.
Insiste en luchar para no perder la presencia manifiesta del Señor, evitando volverse complacientes como la mujer del Cantar de los Cantares, y asegura que Dios está a las puertas del corazón, casa y ministerio en este momento.
Exhorta a no dejar pasar el tiempo de visitación del Señor, abrirle la puerta y no vivir de glorias pasadas o de otros, sino experimentar avivamiento propio con el Avivador en la vida, entrando en la más espectacular de las eras.
Continuación de principios de David: pagar precio por presencia, mantener llama viva con adoradores constantes, rechazar complacencia eclesiástica y anhelar intimidad con el Rey más allá del palacio.