Dios perdona y ama perdonar, deleitándose en misericordia, pero si el corazón queda amargado por envidia o rencor, el diablo acusa y bloquea recibir ese perdón.
Vivir la gracia plenamente es lo mejor, ya que somos de barro y cometemos errores; el diablo pone zancadillas constantes para hacer trastabillar.
No importa si se escapa algo como hablar mal, basta pedir perdón sinceramente y la gracia de Dios está disponible al instante, siempre que se perdone a otros.