Lotoky, detenido recientemente, denuncia las condiciones precarias en su celda, afirmando que no hay privilegios para nadie y que todos reciben visitas al mismo horario. Relata que, pese a pedir no perder sus clases de computadora al ser detenido, inicialmente se lo permitieron, pero luego le negaron acceso a una computadora y un teléfono. Destaca el calor extremo en las celdas pequeñas sin ventilación, agravado por su supuesto trastorno de transpiración excesiva que requiere tratamiento.
Vanessa, ex pareja de Lotoky, revela que él ganó mucha plata con procedimientos estéticos riesgosos, usando a sus parejas como "muestrario" para atraer clientas. Afirma que practicaba en ella como laboratorio, realizando 14 intervenciones con prótesis que se rompían o encapsulaban, y que inyectaba sustancias como polimetil metacrilato sin consentimiento, incluso mientras estaba dormida. Menciona casos similares como el de Silvina Luna, quien falleció por complicaciones, y Gabriela Trenci, quien recibió inyecciones letales.
Vanessa sufre graves consecuencias de salud: granulomas en glúteos, cuello y panza; contractura capsular de 4 grados requiriendo cirugía en el hospital Argerich; insuficiencia renal que necesita punzación. Explica que Lotoky ocultaba estos problemas con corticoides, y que él es el padre de su hija, pero la dañó conscientemente. Lo perfila como psicópata y megalómano que experimentaba en pacientes anestesiadas, convencido de su inocencia pese a las denuncias.
El testimonio de Vanessa abre un camino inexplorado sobre la vinculación de Lotoky con redes de trata, recién iniciándose mediáticamente. Agradecen su coraje y prometen profundizar, destacando que incluso con denuncias previas, su clínica atraía clientas por la mediatización del caso.