Transición 2030, conducido por Cata de Lía, profundiza en Groenlandia como isla clave en tensiones globales, destacando el interés de Donald Trump y choques con Europa. Se describe como colonia danesa protegida por Estados Unidos desde 1944, criticando movilizaciones procoloniales de la izquierda. El cambio climático accede rutas árticas para comercio y guerra, involucrando a Rusia, China, Canadá y EE.UU. en militarización, con proyecciones de explotación antártica en 2045 por grandes potencias.
Se enfatiza el Ártico como zona de disputa por misiles balísticos y recursos, con trayectorias sobre Groenlandia hacia Nueva York. EE.UU. busca nichos de cooperación con Rusia en tierras raras y Ártico para alejarla de China, recordando tensiones históricas como la Gran Manchuria en Siberia y el apoyo pícaro de Vladimir Putin al reclamo estadounidense. Europa carece de identidad militar, dependiendo de la OTAN financiada mayoritariamente por EE.UU., con gobiernos de derecha en Francia, Polonia, Hungría, Italia y posible en España bajo Pedro Sánchez.
El interés en Groenlandia trasciende presidencias, con el Pentágono manteniendo políticas de largo plazo independientemente de Trump o demócratas como Kamala Harris. Ningún presidente respeta el derecho internacional, citando acciones de Obama en Libia e Irak. El poder crea el derecho, como en la creación de Naciones Unidas, FMI, Banco Mundial y BID por EE.UU. post-Segunda Guerra Mundial.
En un mundo bipolar EE.UU.-China, la ONU debe readaptarse, proponiendo a Rafael Grossi como secretario general para entender demografías crecientes en Rusia, China, India y África versus declive occidental. El futuro trae nacionalismos, religiones, identidades y guerras periféricas, como en la Guerra Fría con conflictos en Corea, Vietnam, Israel, árabes, India-Pakistán, Malvinas (Gran Bretaña-Argentina), matando 60 millones. Latinoamérica enfrenta financiamientos y golpes de estado en esta dinámica, cuestionando su rol post-Venezuela.