La charla en el programa transiciona de temas políticos a algo más positivo, anunciando el sorteo del Mundial de Fútbol realizado esta semana, que renueva la ilusión de todos los argentinos, incluyendo al panel. Se decide ver un informe sobre la Copa del Mundo, destacando el deseo universal por el trofeo: "Miren la Copa del Mundo. ¿Cómo uno no va a querer esa cosa? ¿Cómo no va a querer la Copa del Mundo? Me mato. Me mato con la Copa del Mundo. Pero me mato." El sorteo presenta particularidades, como un Mundial con más selecciones, 104 partidos en 40 días, del 11 de junio al 19 de julio.
Argentina se posiciona como una de las mejores, aunque no siempre es considerada candidata principal, con rivales fuertes como España, Francia, Inglaterra, Brasil, Alemania. El panel expresa convicción en que Argentina llegará a la final nuevamente, con menciones a Messi y su posible participación, generando expectativa y deseo colectivo por levantar la copa dos veces seguidas. Se discute cómo el fútbol une a la sociedad, permitiendo un momento de relajación de las tensiones cotidianas.
La conversación deriva en experiencias personales con el fútbol: un panelista evita ver partidos de Argentina por nerviosismo, optando por seguirlos indirectamente a través de comentarios y sonidos en la calle, destacando cómo el Mundial atrae incluso a no futboleros con comentarios tiernos y gritos de gol que resuenan en la ciudad. Se menciona el efecto unificador del evento, incluso con demoras en transmisiones, y cómo proporciona una pausa de la política y conflictos, fomentando una felicidad compartida.
Se enfatiza el acuerdo social en desear que Messi juegue, simbolizando una carga emocional similar a figuras como Maradona, Bochini o Houseman, permitiendo relajar tensiones. La charla personal se extiende a hinchismo de clubes como Racing, donde el sufrimiento emocional lleva a tomar distancia, observando pasiones ajenas como espejo de propio amor por el deporte, sin peleas por rivalidades como con Independiente.
El fútbol se presenta como liberación emocional, con anécdotas de gritos en barrios dominados por hinchas rivales como River, y se valora la audacia y libertad expresiva de los fanáticos, contrastando con nociones de incorrección política, promoviendo una valoración de esa pasión desinhibida en la sociedad argentina.