En el Sahara, al norte de África, las rutas de contrabando transportan comida, cigarrillos, gasolina, cocaína, oro y migrantes hacia Europa. Cada año, decenas de miles cruzan el desierto desde Níger por Libia hasta el Mediterráneo, enfrentando riesgos mortales como mala agua, comida y economía precaria. Europa observa estos movimientos con preocupación, convirtiendo la región en foco de su política migratoria. Esta zona fronteriza remota e inestable está dominada por bandidos y traficantes.
Happy, un migrante, relata su captura en el mar camino a Italia, su encarcelamiento y deportación desde el centro Tariq al-Sika en Libia, asociado a condiciones inhumanas. Describe el trato como basura, con torturas sistemáticas documentadas por Naciones Unidas, violaciones y extorsiones. Pese a violaciones de derechos humanos, la UE financia autoridades libias con dinero, entrenamiento y equipos.
Muchos migrantes optan por 'retorno voluntario' bajo presión de detención y violencia, sin futuro en Libia. Ursula von der Leyen enfatiza un enfoque integral basado en derechos humanos, invirtiendo miles de millones en África, incluyendo cientos de millones en Libia para vigilar fronteras. Críticas de ONGs a pagos a la Guardia Costera Libia, que devuelve migrantes a condiciones precarias.
Supervivientes como David y Cristian enfrentan penurias en Europa, trabajando en garajes con familiares pero sin opciones mejores, sin confianza en nadie. El viaje por el Sahara se describe como el más peligroso del mundo, desaconsejado rotundamente por quienes lo han sufrido, advirtiendo arrepentimiento inevitable.