Los testimonios callejeros sobre desempleo y cierres de empresas marcan el debate sobre nuevas modalidades de trabajo en Argentina, afectando a formales e informales por igual. Esta semana culmina con el viernes 27 el último capítulo de la reforma laboral en el Senado de la Nación, donde Patricia Bullrich logra una victoria inicial pero enmienda errores como el artículo 44 sobre licencias por salud, que se borra finalmente. En el marco de esta reforma, que va en contramano de tendencias globales como la reducción de jornada en Francia, Australia y México, se destaca el cierre de FATE, dejando 920 trabajadores en la calle y generando desolación en la planta de San Fernando.
El dueño Javier Madanes Quintanilla vendió parte del terreno a su propia empresa metalúrgica para proyectos energéticos, mientras especulaciones apuntan a un futuro negocio inmobiliario en la zona estratégica cerca de Panamericana y Ramal Tigre. Mañana se realiza una reunión virtual entre el Ministerio de Trabajo, el gremio ZUTNA liderado por Crespo, y los empresarios, pero no se esperan avances; la empresa cumplirá conciliación obligatoria pagando salarios, pero la decisión de cierre está firme, estirando la agonía para los empleados con antigüedad de 5 a 30 años y sueldos congelados en 1.5 a 1.7 millones de pesos.
El gremio SUTNA niega conflictos recientes pese a aumentos cero, y el presidente Javier Milei tuiteó sobre el cierre en la madrugada post-carnavales, viéndolo como conspiración el mismo día del debate en Diputados. Este caso podría ser la punta del iceberg en un mercado laboral con 300.000 personas pasando a la informalidad desde el inicio del gobierno, muchos como monotributistas o en apps, sin aportes jubilatorios. El próximo domingo, Milei hablará en cadena nacional por la apertura de sesiones, refiriéndose a la reforma, mientras hoy un festival con trabajadores de FATE resalta la crisis, cuestionando si es un hecho aislado o el inicio de un dominó de cierres en gigantes históricos como FATE, de 80 años.
En este contexto, el paro de la CGT fue contundente con 90% de actividades paradas y escaso transporte, aunque negocios de cercanía abrieron por dueños o empleados locales. Cuentapropistas y monotributistas no se sienten representados, trabajando múltiples jobs para sobrevivir en una economía donde el dinero solo alcanza para lo básico, con deudas crecientes.