La nanotecnología altera las propiedades físicas de materiales a escalas minúsculas, mil veces más pequeñas que un cabello, permitiendo innovaciones como nanocristales de cobre que ganan dureza y conductividad. En materiales magnéticos, cambian totalmente sus características, abriendo puertas a aplicaciones médicas avanzadas.
El desarrollo de un tratamiento para desprendimiento de retina surge de la colaboración entre un retinólogo y un patólogo ocular ante casos difíciles. La retina desprendida, una tela fina imposible de manipular directamente, se trata convencionalmente con láser y gas o aceite de silicón, pero estos métodos fallan en desprendimientos inferiores y arriesgan recaídas al retirar el aceite.
Los nanorobots magnéticos inyectados en el ojo, guiados por un campo magnético externo, empujan la retina a su lugar sin dañar tejidos. Estas partículas biocompatibles se absorben naturalmente por el sistema circulatorio tras retirar el imán, evitando complicaciones. Ensayos en conejos y cerdos fueron exitosos, y la fase 1 en humanos con 5 pacientes también lo fue.
El proyecto enfrentó dificultades para financiamiento por su carácter disruptivo, iniciado hace 13 años, cuando inyectar nanopartículas en humanos era impensable. Hoy, kits diagnósticos externos ya usan nanotecnología, y Argentina destaca con grupos en Bariloche trabajando en partículas magnéticas por 20 años. La fortaleza radica en la unión de investigadores y médicos proactivos.