O sea que estamos hablando de algo del orden de mil veces más chicos que un cabello. Ahora, cuando hablamos de nanotecnología, la física cambia. ¿Qué significa eso? Cuando estamos hablando de materiales grandes, tenemos una física que depende del volumen de la partícula. En cambio, cuando trabajamos con una partícula mucho más pequeña, nanométrica, lo que importa es la superficie de la partícula. Y entonces surgen nuevas propiedades que antes no las veíamos. Por ejemplo, la dureza de los materiales, el cobre que están blandos, nanocristales de cobre se convierten en materiales muy duros que en materiales compuestos le da dureza y conductividad eléctrica o conductividad térmica.
Y en el caso de los materiales magnéticos, el desarrollo del tratamiento de desprendimiento de retina nace por la inquietud de un retinólogo que junto con un patólogo ocular estaban detrás de qué hacer con los casos difíciles. Lo que vemos aquí es un ojo donde la retina que está desprendida no está adherida a la esclera, a la parte interior de la esclera que es la parte interior del ojo. Esa retina es una tela muy, muy finita. Unas pocas capas de células y de hecho no se la puede tocar, no se la puede llevar al lugar donde debe ir porque seguramente se va a romper. Entonces el tratamiento normal lo que hace es aprieta el ojo, lleva el ojo hacia la retina, se le hace una cicatriz con un láser y con lo cual se cierra la lesión y a partir de ahí se pone una burbuja de gas para mantenerlo en su lugar el tiempo necesario hasta que cicatrice.
Ahora, si uno tiene un desprendimiento inferior, no hay forma de poner una burbuja de gas, o bien se puede poner una burbuja de gas, pero no funciona. Entonces lo que se pone es un líquido más denso que el humor vítreo, de forma tal de que apriete hacia abajo y se suele usar un aceite de silicón, que hay que retirar después del tratamiento, con el riesgo de que la retina nuevamente se vuelva a lesionar. Entonces aquí entra en la acción nuestros nanorobots. Son nuestras partículas magnéticas que se inyectan en el ojo y en la parte detrás de la retina. Si ahora hubiese un imán con un campo magnético, lo que ocurriría es que estas partículas empujarían la retina que está lesionada, la llevarían a su lugar y finalmente al retirar el imán, si se fijan, esto empujó la retina, pero con el movimiento de una persona ya rápidamente estas partículas vuelven a la suspensión y es absorbido por el sistema circulatorio, orinado o retenido en el hígado y demás.
A partir de eso, lo que hicimos fue diseñar las partículas magnéticas necesarias para inyectar dentro del ojo, que sean biocompatibles. Diseñamos un imán en particular para que todas las partículas vayan a su lugar. Y simultáneamente, médico y patólogo hacían los ensayos en animales, primero en conejos, luego en cerdos. Y viendo el éxito, se decidió comenzar con las pruebas de lo que se hizo. Se llama Fase 1 inhumano. Y se hicieron 5 pruebas en 5 personas que fueron exitosas. Pienso que la dificultad que tuvimos en conseguir financiamiento para este proyecto, al presentarnos, encontramos que la idea es muy disruptiva desde el punto de vista de los médicos. Piensen en 13 años atrás, hablar de nanopartículas metidas dentro del cuerpo humano.
Hoy recién estamos acostumbrándonos a decir que tenemos kits de diagnósticos basados en nanopartículas, pero que están fuera del cuerpo. Pero de a poco nos vamos acostumbrando a la idea que la nanotecnología sirve para la medicina, sirve para diagnosticar y probablemente sirva para curar. Como conclusión de esto, lo que podríamos decir es que tenemos una fortaleza muy grande. Toda la investigación que tenemos en Argentina tiene muchísima capacidad. Tenemos muchísimas respuestas. Grupo de investigación en Bariloche que trabaja con nanopartículas magnéticas que en ese momento hacía 20 años estaba trabajando. Por otro lado, tenés médicos que tienen una inquietud y una necesidad. Lo único que necesitaron fue que caiga la pregunta en el lugar adecuado para que se obtenga la respuesta.