El panel critica la "compasión selectiva" de la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, quien tuiteó sobre los 920 desocupados de la fábrica FATE como víctimas del "modelo económico de Milei" y la "crueldad del gobierno" que destruye Argentina, angustiando a casi mil familias antes del inicio de clases. Se ironiza que en Quilmes, Mendoza es "sorora y solidaria" con trabajadores de FATE, pero reprime protestas locales y paga sueldos bajos a empleados municipales, mostrando recibos de 459 mil pesos básicos y hasta 710 mil pesos en mano para antigüedad, por debajo de la canasta básica, con descuentos por paros y persecución a quienes reclaman aumentos.
Continuando la discusión, se envía un abrazo a las 920 familias afectadas por el cierre de FATE en San Fernando, describiéndolo como una tragedia para laburantes que daban la vida por la empresa durante 80 años. Se cuestiona al dueño, Ariel Madanes Quintanilla, una de las 20 fortunas mayores de Argentina con un patrimonio de 1.500 millones de dólares, por dejar un simple papelito y cerrar de golpe sin reconversión, pese a paros previos y un modelo de negocio hiperprotegido que no cerraba hace años, ni con gobiernos de Milei, Alberto Fernández ni Macri.
El debate destaca el oportunismo de la empresa, beneficiada por proteccionismo monopólico que controlaba importaciones como si fueran droga, pero que perjudicaba a trabajadores con sueldos de 2,20 y protestas ignoradas, especialmente en pandemia cuando eran esenciales. Se critica el desprecio al trabajo al desprenderse de los empleados ahora que el modelo de apertura corta sus privilegios, incompatible con la competencia del nuevo gobierno de Javier Milei, aunque se reconoce que los despedidos enfrentarán laburos precarios en apps, minería o energía, y a edades avanzadas será duro buscar empleo.
Se menciona que Madanes Quintanilla sobrestockeó sabiendo del cambio de gobierno, apostando a negocios energéticos, y se pide que defienda a su gente que le hizo ganar plata durante décadas, en lugar de tirarlos por la ventana. El panel coincide en que el viejo modelo industrial es obsoleto, votado mayoritariamente por la apertura, pero urge no olvidar el impacto real en los trabajadores que no podrán comprar el asado este domingo.