En Plaza Larga, Mariana Duce, nadadora de aguas frías, describe el mundo del agua fría como mágico e irresistible, un desafío que una vez entrado es difícil abandonar. Tras mudarse de Córdoba hace tres años, enfatiza el alto grado de concentración y el proceso gradual para adaptarse.
Los nadadores de aguas frías se dividen en quienes usan protección térmica y quienes no, como Duce, quien nada solo con malla y protección auditiva para evitar dolores de cabeza, mareos o náuseas causados por el agua más fría que los fluidos corporales.
Entrar al agua fría representa un gran desafío y un proceso de autoconocimiento, donde se aprenden y trascienden límites sin arriesgar la vida, siempre con el apoyo de quienes cuidan desde afuera. Duce destaca cómo esto fomenta el reconocimiento personal y el bienestar.