El panel sigue criticando duramente al empresario Javier Madanes Quintanilla, dueño de FATE y Aluar, por despedir a 920 trabajadores tras 80 años de operación, echándoles la culpa al gobierno de Javier Milei y su apertura de importaciones, en lugar de asumir responsabilidad por no reconvertir la fábrica ante la competencia china. Se ironiza que este magnate, parte de las 20 fortunas de Argentina con 590 millones de dólares según Forbes, se enriqueció con el modelo proteccionista kirchnerista y ahora presiona al gobierno actual justo antes de la reforma laboral y el paro de la CGT.
Los panelistas destacan la falta de empatía del empresario, quien denuncia en los Panama Papers por lavado de activos y opera en cuatro paraísos fiscales, mientras la empresa perdía 2 a 3 millones de dólares por mes. Se cuestiona el oportunismo del timing del anuncio, comunicado ayer a los ministerios de Economía y Trabajo, coincidiendo con el debate de la reforma laboral en Diputados y la inminencia del paro general. El periodista Jueven explica que la decisión se masticaba hace 60 días, pero el cierre responde a ventas bajas y aranceles reducidos del 36% al 15% para neumáticos importados, alineado con el modelo de bajar precios del gobierno.
Se debate si el cierre es por el nuevo modelo económico o por mala gestión previa, recordando cómo antes se cruzaba a Chile o Uruguay por neumáticos caros, y ahora hay más oferta y precios bajos, beneficiando a laburantes como fleteros y taxistas. Críticas a empresarios que militaron el gobierno anterior sin reformas laborales o impositivas, y que ahora reclaman competitividad tras beneficiarse de subsidios. El panel admira a empresarios pro-mercado pero condena a los que dependen del Estado.
En la fábrica, trabajadores toman la planta en conciliación obligatoria, con Alejandro Crespo de SUTNA afirmando que la patronal no acata la orden y que no se retirarán pese a posible desalojo policial, defendiendo créditos laborales. Se menciona que 22.000 empresas cerraron, 7.000 empleos menos en el sector y 65.000 en industria, contextualizando la crisis. El cierre de FATE se ve como triste para una empresa emblemática, producto de ingeniería argentina y esfuerzo obrero, pero inevitable en el cambio de modelo.