Una escena conmocionante en Italia: un hombre intenta robarle una niña de un año y medio a su madre en la salida de un supermercado en Bérgamo, cerca de Milán, dejando a la bebé con una quebradura de fémur en el forcejeo. El secuestrador, un rumano ya detenido por la policía, tenía un auto listo para huir con la menor. Este no es un caso aislado; en las últimas horas se registraron tres intentos de secuestro a niños abortados por las autoridades, geolocalizados en Bérgamo, Nápoles y Roma, generando un clima de terror entre las familias italianas.
En Roma, una mujer relata su miedo constante al llevar a su hija al jardín de infantes o a centros comerciales, donde estos incidentes ocurren con frecuencia en lugares concurridos como supermercados, metros y parques de diversiones. Las madres evitan salir solas con los niños, siempre acompañadas, y piden penas más duras y mayor protección policial para frenar esta ola de intentos. La indiferencia de los transeúntes agrava la situación, ya que nadie interviene ante un posible secuestro.
Los reportajes destacan que no ha habido casos cercanos a las familias entrevistadas, pero el pánico es generalizado, con familias optando por vacaciones en el extranjero como Praga o Creta para sentirse más seguras. En comparación con Argentina, donde hay restricciones estrictas para viajar con menores, como incluirlos en el pasaporte parental, Italia parece menos protegida, lo que intensifica las preocupaciones de los padres. El cierre del informe subraya que este fenómeno no es exclusivo de Italia, sino un problema global que exige mayor vigilancia.
Pamela, la corresponsal, transmite desde Roma el temor palpable, con madres que ya no se sienten libres para salir tranquilas con sus hijos, demandando cambios urgentes en las leyes y la aplicación de la justicia para restaurar la seguridad en las calles.