En San Luis capital, se relata una historia poco conocida de 1819 que refleja la humanidad de José de San Martín. Tras las batallas de Chacabuco y Maipú, prisioneros españoles derrotados vivían en libertad condicionada, disfrutando fiestas y tertulias bajo licencia solicitada por San Martín al gobernador Vicente Dupuy.
La llegada de Bernardo de Monteagudo, un funcionario duro, cuestiona esta situación al encontrarlos libres en las calles, comparándola con el trato a patriotas en Perú. Dupuy emite un bando prohibiendo su salida, lo que provoca un complot: los prisioneros, elite de brigadieres y coroneles, planean tomar el cuartel, armas y capturar a Monteagudo para rebelarse.
El plan falla cuando irrumpen en la gobernación; un médico escapa y alerta al pueblo, que defiende a Dupuy. Los rebeldes son masacrados, fusilados en la plaza de armas y la catedral, donde murieron más de 10 y uno se suicidó. En medio del motín, surge un romance: Melchora Pringles, argentina de 17 años, se encadena en la plaza para salvar a su amante español Juan Ruiz Ordóñez.
San Martín, conmovido, perdona su vida, libera sus grilletes y permite su matrimonio con la condición de que vivan en España. Esta anécdota destaca la compasión del Libertador en tiempos de guerra.