En las puertas de la empresa FATE, se realiza un festival musical para visibilizar la lucha de los trabajadores despedidos, afectando a más de 900 familias, incluyendo servicios tercerizados. El objetivo es mantener la presión y seguir peleando por la reapertura, destacando el impacto en la comunidad después de años de trabajo en la fábrica.
María Nonega, reportera en el lugar, conversa con miembros de la comisión de mujeres formada en 2017 durante el preventivo de crisis para apoyar a los compañeros, mayormente hombres en roles fabriles. Ellas organizan espacios como el de niñeces para que los hijos participen en la lucha familiar, bancándose mutuamente ante el cierre inesperado.
Las familias viven conmovidas: jubilados de más de 80 años con overoles acuden diariamente, y el candado en la fábrica es un golpe duro tras 15-20 años de labor. Las esposas e hijas, muchas docentes, relatan cómo la vida se organizaba alrededor de turnos rotativos, impidiendo carreras hasta que los hijos crecían; ahora, es un cimbronazo total sin respuestas de nación, provincia ni empresa.
Detrás de cada trabajador hay una historia familiar: familias ensambladas con múltiples hijos, pidiendo al empresario Madanes que intervenga. Nadie vio venir el cierre, pese a 14 meses sin aumentos, y reclaman que no se piense en FATE cerrada, motorizando ideas para encauzar la lucha hacia un buen puerto.