El ejército mexicano abatió a Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en un operativo en Tlapalpa, Jalisco, comparable a la captura de El Chapo Guzmán. De 59 años, padecía deficiencia renal y enfrentaba recompensas de 15 millones de dólares de México y EE.UU. El cártel, calificado como terrorista desde 2025, controlaba el narcotráfico de fentanilo y otras drogas sintéticas, generando brotes de violencia en al menos cinco estados tras el operativo.
La presidenta Claudia Sheinbaum no ha confirmado directamente la muerte, delegando al gabinete de seguridad, mientras gobernadores como Marina del Pilar Ávila de Baja California y la senadora Laura Irza del Castillo han aludido al abatimiento de un líder criminal, aunque con retractaciones. Autoridades de EE.UU., incluyendo al subsecretario Christopher Landau, celebraron el golpe, confirmando inteligencia compartida sin participación directa estadounidense. La violencia se extendió a Guadalajara, Puerto Vallarta, Michoacán, Guanajuato y Colima, con bloqueos de carreteras, quema de vehículos, farmacias y camiones.
Gobernadores como Pablo Lemus de Jalisco activaron Código Rojo, suspendieron transporte público y clases, y pidieron no viajar. En Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla vinculó bloqueos al operativo. Alertas de EE.UU. y Canadá instan a refugiarse, con cancelaciones de vuelos por Aeroméxico y Volaris, y suspensiones de eventos masivos, incluyendo un partido de fútbol. Reportes incluyen balaceras cerca de la Catedral de Guadalajara y fuga en penal de Puerto Vallarta.
El CJNG, antecedente del Cártel del Milenio, domina puertos como Lázaro Cárdenas y Manzanillo para traficar precursores químicos de drogas sintéticas desde Asia desde 2005-2006, innovando en metanfetaminas y anfetaminas sin depender de cultivos tradicionales. Analistas comparan a El Mencho con Pablo Escobar o El Chapo por su sanguinario control nacional, contrastando con la política de "abrazos no balazos" de Andrés Manuel López Obrador. La muerte, si confirmada, marca un giro en la estrategia de seguridad de Sheinbaum, pero anticipa una ola de violencia mayor que episodios previos como la detención del hijo de Guzmán.