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El gasoducto de la costa: una obra inconclusa que deja a miles sin gas en Mar del Plata y la región

Centro Izquierda · intercambio · crítico

En Las Armas, localidad de Mar Chiquita, se encuentra un cementerio de caños y válvulas abandonadas hace dos años, parte de la planta compresora del gasoducto de la costa. La obra, estratégica para potenciar la red de Mar del Plata y la costa atlántica, beneficiaría a unos 100.000 usuarios residenciales e industriales, pero quedó inconclusa al igual que muchas obras públicas en el país. Los materiales, carísimos y expuestos al intemperie, muestran deterioro avanzado como óxido en los caños, que podrían requerir mantenimiento costoso para ser reutilizados.

La obra se anunció en septiembre de 2015 durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con una inversión inicial de 544 millones de pesos para ampliar el transporte de gas natural. Avanzó parcialmente en el gobierno de Mauricio Macri, pero se frenó con las PASO que ganó Alberto Fernández. En 2023, Flavia Rollón, ex secretaria de Energía, lo reactivó, y en julio de ese año, en plena campaña, se anunció su inauguración para 36 localidades, aunque en realidad seguía inconclusa. Al asumir Alberto Fernández, estaba al 80%; hoy al 88%, con solo un 8% de avance en años recientes.

En junio de 2024, el municipio de General Pueyrredón, bajo Guillermo Montenegro (hoy de licencia como senador), anunció la retoma de obras con NRGAS. Regiones enteras de la costa carecen de factibilidad para nuevo suministro, con riesgo de corte total si aumenta la demanda. En Camet Norte y Santa Clara, vecinos como Marcelo y Florencio dependen de garrafas y tubos, con problemas de accesibilidad en lluvias y constante preocupación por el stock. La inconclusión deja a miles sin gas natural, destacando promesas incumplidas de sucesivos gobiernos.

Expertos advierten que sin la planta compresora, el caudal de gas para la región no se sostiene, afectando hogares e industrias. La obra, vital para evitar cortes, se echa a perder mientras la plata invertida parece evaporada en un patrón de obras que arrancan y se abandonan, dejando a la clase dirigente expuesta por sus incumplimientos crónicos.