De último momento, el ejército de México mató a Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como el Mencho, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación, en una operación conjunta con policía y fuerzas armadas que enfrentó resistencia armada. Murieron siete personas, incluyendo al narco, y tres elementos de seguridad resultaron heridos. El Mencho, la persona más buscada por México y EE.UU. con una recompensa de 15 millones de dólares, fue abatido en su búnker protegido por un arsenal militar, incluyendo lanzacohetes.
La muerte desató una ola de violencia: saqueos, incendios de comercios en Jalisco, bloqueos con vehículos incendiados en Michoacán, Colima, Nayarit, Aguascalientes y Tamaulipas, y negocios quemados en Guanajuato. El cártel responde con contraofensiva, usando blindados y escudos, mostrando un Estado dentro del Estado con control territorial absoluto. Es un logro para la política de seguridad de Claudia Sheinbaum, presionada por Donald Trump, pero ahora el desafío es controlar el caos.
La periodista Natalia Nivequindiak analiza que la situación es de guerra, con seis estados en alerta y embajadas advirtiendo a ciudadanos, incluyendo de EE.UU. México denuncia que armas como Kalashnikov provienen de otros países, compartiendo responsabilidad. La operación responde a exigencias de Trump; Christopher Landau, segundo de Marco Rubio, felicitó al gobierno de Sheinbaum por el golpe al narco, en un contexto de presión bilateral.
Comparado con casos como El Chapo Guzmán, extraditado y deteriorado en EE.UU., el Mencho montó un imperio desde origen rural. El cártel tiene estructuras para sucesión de liderazgo, pero el Estado mexicano busca frenar la réplica narco con decisión fuerte.