En China, la economía se desacelera con el mercado inmobiliario derrumbándose y consumidores que no compran, aunque alcanza objetivos de crecimiento del 5% gracias a exportaciones masivas pese al aumento de la deuda interna que casi se duplicó desde 2015 y se acerca al 100% del PIB, financiada por ahorros de contribuyentes.
La economía es dual: demanda interna e inversión se desaceleran, pero exportaciones crecen enormemente. El sector inmobiliario, que representaba un tercio del crecimiento antes de 2020, ahora ralentiza el país con precios de vivienda bajando más del 5% el año pasado, reduciendo ventas de terrenos, financiación estatal y salarios públicos, lo que lastra el consumo agravado por el envejecimiento demográfico.
La deflación arrastra tres años por falta de demanda, no exceso de capacidad, con precios al consumo estancados y costes fabriles superando ventas. China ahorra mucho por previsión social básica, impulsando exportaciones a precios bajos incluso con pérdidas para mantener competitividad, respaldado por bancos que prestan sin importar rentabilidad, impactando globalmente en países como Alemania.
El gobierno acepta crecimiento más lento para reestructurar, pero expertos sugieren políticas fiscales y monetarias audaces enfocadas en demanda interna y gasto en previsión social para recuperación rápida.