Por horas, Argentina evitó una masacre narco en Entre Ríos gracias a un topo en el penal que desarticuló un plan para asesinar a un ministro, un juez y un fiscal horas antes del juicio del gaucho narco, presidente de la Sociedad Rural de Diamante, hallado con más de 30 kilos de cocaína en su vehículo y vivienda. Su juicio inicia el martes. Los sicarios uruguayos, contratados por 40.000 dólares, planeaban atacar a Néstor Roncaglia, ex jefe de la Policía Federal y ministro de Justicia y Seguridad de Entre Ríos, quien iba solo en moto a casa de un amigo sin custodia. El plan incluía dos camionetas: una para los sicarios y otra con tanques de cal para disolver los cuerpos y eliminar huellas.
El gaucho narco, preso en el penal 9 de Gualeguaychú, organizaba todo desde su celda con celulares permitidos post-pandemia y visitas de abogados o familiares que actuaban como nexos. Se jactaba de un campo con pista para avionetas que descargaban hasta 400 kilos de cocaína por vuelo desde países limítrofes, y un galpón para guardar droga con salida al río Paraná para distribución. La camioneta con la cocaína estaba vinculada a Mamelujo Villalba, líder narco de San Martín preso que sigue operando desde el penal. La inteligencia criminal detectó el plan cuando el topo oyó: "Me va a salir más caro porque lo voy a matar en Argentina", revelando movimientos precisos de las víctimas.
El gaucho narco se "fue de boca" hablando demasiado en el penal, confirmando el complot para evitar el juicio donde el fiscal pedía 15 años de prisión. Roncaglia, con años en la división antidrogas, era objetivo clave por su rol en la investigación. El plan era meticuloso e impune, superando guiones de series narco, con el narco pensando en quedar como inocente. Ayer allanaron su celda, requisando elementos que validaron la inteligencia policial en este caso de 2022 que avanza a juicio.
La laxitud en penales provinciales permite estos operativos, con celulares y celdas VIP facilitando delitos desde adentro, protegiendo a líderes narcos de rivalidades externas. Este caso resalta cómo la prisión beneficia a bandas, con redes externas ejecutando órdenes.