El cierre de la planta de Fate en la zona norte del Gran Buenos Aires desata una noche caliente de protestas y conjeturas políticas. El presidente de la Nación cuestionó la fecha del cierre como conspirativa, pero fuentes revelan que estaba planeado hace tiempo mediante un proceso preventivo de crisis, no una decisión impulsiva. Empresarios saben que cierres así no se hacen de un día para el otro y que conflictos prolongados, como los de Fate, vuelven inviables las operaciones.
La historia de tensiones en el corredor industrial incluye casos emblemáticos como Lear, Kraft y Bridgestone, donde bloqueos y movilizaciones no terminaron bien, recordando intentos de asambleas nacionales y populares por sindicatos de izquierda que paralizaban producción. El sindicato de neumáticos denuncia a Fate por prácticas antisindicales, como opio de productos, no abastecer demanda y echar trabajadores, poniendo en riesgo 150 mil empleos en la cadena.
Trabajadores protestan por atraso salarial desde febrero sin aumentos, mientras plantas cierran por bloqueos. Todos los gremios se movilizan con afiches de apoyo a la huelga de fabricantes de neumáticos, en una situación límite. La producción de neumáticos se detiene completamente, exacerbando el conflicto en la región.