La planta de FATE en Argentina cierra definitivamente, dejando 920 puestos de trabajo en la calle, atribuido a la priorización de importaciones de neumáticos sin control que destruyen la industria nacional. Trabajadores denuncian que el gobierno ataca a los empleados al favorecer importadoras, mientras la fábrica emblemática transforma materia prima en productos de calidad de manera manual y enfrenta estragos económicos con 22.000 empresas menos en dos años.
Testimonios de empleados y familiares revelan el impacto devastador: un vecino se enteró por los medios al despertar, un trabajador con 30 años de antigüedad cerca de jubilarse pierde su sustento, y una esposa cuenta cómo el despido afecta tratamientos médicos para sus hijos enfermos, uno con cáncer. La fábrica tenía salarios congelados por más de un año, desmintiendo acusaciones de intransigencia gremial ya que la patronal culpa a las medidas económicas y no al sindicato.
Un acampe pacífico se instaló frente a la planta cerrada con candados y cadenas desde las 6 de la mañana, con reclamos por la reposición de tareas. Se critica al dueño multimillonario por dejar a 900 familias en la miseria tras enriquecerse con el esfuerzo obrero, en un contexto de baja capacidad instalada del 30% en el sector industrial y reemplazo de mano de obra nacional por importaciones.
El informe cuestiona el discurso oficial de que los despedidos encontrarán trabajo elsewhere, comparándolo con los 90s donde promesas de videoclubes y parrillitas fallaron, llevando a colapso económico. Se advierte que el cierre de FATE es un ejemplo grave para toda la industria, afectando la soberanía productiva del país y generando desocupación catastrófica.