El conductor recuerda el caso de Pablo Laurta, el hombre que negaba las denuncias de violencia contra mujeres y lideraba una asociación de varones ofendidos. Este asesino mató a su expareja Luna Yardina y a su exsuegra Mariel Zamudio en Córdoba, dejando al hijo de cinco años en la escena. Antes de llegar allí, viniendo de Uruguay, engañó y mató a un remisero en Entre Ríos, descuartizándolo para usar su auto.
La policía lo capturó en un hotel en Entre Ríos junto al niño secuestrado. Ahora, se le imputa un nuevo delito: tenencia de material de abuso sexual infantil. El presentador detalla cómo este monstruo, además de ser asesino múltiple y secuestrador, poseía pornografía infantil, elevando la indignación por su perfil depravado.
El segmento resalta la hipocresía de Laurta, quien publicaba versos negando el feminismo y las denuncias falsas, mientras cometía atrocidades. Se menciona el auto blanco del remisero como clave en la investigación, y el rescate del niño como un alivio en medio del horror.
La narración enfatiza que este caso no busca refrescar detalles obvios, sino alertar sobre el nuevo cargo que agrava su condena, cuestionando si involucró producción de material, lo que sería aún más grave.