Argentina ocupa el primer puesto en un ranking global de ansiedad y estrés, con el 49% de la población reportando síntomas frecuentes en 2025. La psiquiatra Blanca Ugelman explica que la pérdida de poder adquisitivo genera endeudamiento familiar e incertidumbre prolongada, llevando a un estrés crónico habitual entre los argentinos.
Factores como la multiplicidad de empleos, jornadas extendidas sin límites claros y el impacto pospandemia agravan la situación, causando trastornos de ansiedad, insomnio y pesadillas. La experta destaca cómo el aislamiento prolongado transformó las relaciones humanas, pasando de contactos tangibles a virtuales, exacerbando la inestabilidad afectiva y económica.
La pérdida laboral tiene consecuencias directas en la salud, con aumentos históricos de ACV, problemas vasculares y autoinmunes en crisis como la de YPF en los 90 o el 2001. Ugelman vincula el estrés a evidencias de cáncer y enfatiza que la polarización social y conflictos profundizan el malestar.
Para mitigar la ansiedad, recomienda hablar del duelo pandémico, buscar terapia en hospitales públicos o grupos de autoayuda, y retomar actividades como caminar o deporte. Critica el colapso del servicio público de salud mental, con cierres de neuropsiquiátricos y demoras, en un contexto donde el tiempo de descanso se pierde por la necesidad de múltiples trabajos.