El ajolote, conocido como el dios perro en la mitología azteca, es un anfibio cautivador que parece siempre sonreír y representa la identidad de Xochimilco en Ciudad de México. La bióloga Vivian ha estudiado esta especie en peligro de extinción durante tres años, destacando su capacidad para regenerar órganos y su rol como organismo bandera que indica la salud del ecosistema lacustre.
La campaña Adopta un ajolote de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) busca fondos para conservar su hábitat en Xochimilco, una zona contaminada al suroriente de la capital. Hace 20 años había 6.000 ajolotes por kilómetro cuadrado, pero ahora solo quedan 36, debido a la introducción de peces invasores que han precipitado su desaparición. Como depredador tope, controla plagas en canales y chinampas, pero la contaminación amenaza su supervivencia.
El grupo de la UNAM crea refugios con biofiltros para reincorporar ajolotes al entorno natural, una labor costosa que incluye mantenimiento de colonias y barreras contra aguas sucias. Productores como Crescencio, uno de 22 en el proyecto Chinampa Refugio, aplican prácticas agrícolas sostenibles sin agroquímicos, aunque representan un sobreesfuerzo ante bajos precios de hortalizas. Desde finales de 2022, la campaña ha recaudado 400 mil dólares, mitad de donantes de Estados Unidos, con opciones como "invitar a cenar a un ajolote" por menos de 10 dólares.
Monitoreos mensuales muestran mejoría en la calidad del agua y mayor diversidad de invertebrados en refugios, beneficiando a ajolotes con más alimento. Para Crescencio, el programa ha aumentado la presencia de insectos, larvas y crías de peces endémicos, validando el esfuerzo comunitario. Juan, desde niño, entiende el valor cultural del ajolote para la identidad chinampera.