Japón enfrenta una crisis económica marcada que debilita el yen, con el índice de tipo de cambio efectivo real cayendo a 67,73 en enero de 2026, el nivel más bajo desde la adopción del sistema flotante en 1973, según datos del Banco de Pagos Internacionales.
Este índice mide el poder adquisitivo y competitividad internacional de la moneda, reflejando desafíos estructurales persistentes en la economía japonesa, como insuficiente crecimiento y tasas de interés bajas que presionan a la baja el tipo de cambio.
Analistas atribuyen el debilitamiento del yen a problemas económicos antiguos, con el bajo impulso del crecimiento y políticas monetarias continuas exacerbando la depreciación, impactando la estabilidad financiera del país.