Es una vergüenza absoluta lo que pasó en el Congreso cuando una diputada rompe los cables y desenchufa todo en medio del debate por la ley de reforma laboral. Me da mucha vergüenza este Congreso, y estoy de acuerdo, pero las consecuencias de estos hechos concretos provocan que para millones de personas la violencia quede admitida y normalizada en el ámbito público.
En el incidente, una increpó a la otra llamándola adicta, cosa que es una locura y no se debe decir en ningún ámbito, tiró agua y desenchufó el cable, mostrando un nivel de agresión inaceptable. Esto queda en la mente de la gente, y aunque no lo pienses conscientemente, influye en cómo actuamos en la vida cotidiana, como en un incidente de tránsito donde uno termina bajando y respondiendo con violencia porque ve que en el Congreso se hace así.
En esta época, la idea de que "me tocaste, te rompo la cabeza" se instala, y es muy triste lo que estamos viviendo, una locura total que refleja la sociedad actual donde la violencia se justifica por imitación de lo que ven en los representantes. Esto vincula directamente con la bronca vial y la inseguridad, exacerbando los frenos inhibitorios perdidos.
La reflexión cierra con un llamado a no normalizar esto, pero el daño ya está hecho en la percepción pública de que la violencia es admisible incluso en el Congreso.