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Rusia usa frío y drones como armas contra Ucrania para forzar rendición civil

Centro Izquierda · discusión · crítico

Europa atraviesa uno de los inviernos más duros de los últimos años. Y Vladimir Putin lo aprovecha. Por eso, gran parte de los ataques rusos sobre Ucrania en los últimos meses han tenido como objetivo destruir una y otra vez infraestructuras del país como sus centrales eléctricas. Así, además de sufrir bombardeos constantes y ataques con drones, los ucranianos han tenido que acostumbrarse a un arma de guerra sacada de los libros de historia, el frío. Han tenido que acostumbrarse a vivir a oscuras y entre muros congelados con temperaturas externas de hasta 20 grados bajo cero. Con los hogares convertidos en neveras, la población busca calor, refugio y un lugar para trabajar dentro de grandes tiendas de campaña.

El uso del frío como arma de guerra tiene un objetivo: quebrar la resistencia ucraniana. Después de cuatro años de guerra, la población se debate entre el orgullo de no rendirse y el deseo urgente de que todo termine, aunque más del 60% no está dispuesta a abandonar los territorios. La combinación del frío y los ataques con drones forma parte de una estrategia premeditada, según el Instituto para el Estudio de la Guerra. La campaña de drones FPV rusos institucionaliza el daño intencionado a la población civil, usando drones pequeños cargados con explosivos que transmiten imágenes en directo para atacar objetivos civiles en la retaguardia, eliminando la distinción entre militares y civiles.

De agosto a diciembre de 2025, constantes enjambres de drones han generado miedo constante en zonas urbanas, pilotados incluso para cruzar puertas y ventanas de viviendas. La Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania presentó ante la ONU en octubre de 2025 que estos ataques violan el derecho internacional humanitario, constituyendo crímenes contra la humanidad como asesinato y traslado forzoso. En las primeras semanas de 2026, el asedio se recrudeció en ciudades como Kiev, Kharkov y Odessa, dejando destrozos y muertos. Rusia busca presionar a la población para que fuerce al gobierno ucraniano a aceptar un mal acuerdo.

La propaganda rusa oculta el declive económico, pero desde el 1 de enero de 2026, subidas de impuestos y precios básicos han hecho insostenible la vida, con gente incapaz de llenar la nevera y gastos comunales superando alquileres. Rusia enfrenta dificultades para reclutar soldados, recurriendo al reclutamiento forzoso en territorios ocupados de Ucrania, violando el derecho internacional. Mientras, el tiempo juega a favor de Moscú en invierno, pero si Ucrania aguanta hasta la primavera, Rusia deberá esperar otro ciclo. El Instituto para el Estudio de la Guerra advierte que estas tácticas podrían copiarse en futuros conflictos.

Pese a esfuerzos rusos de influencia en Europa, como con el primer ministro húngaro Viktor Orbán calificando a Ucrania de enemigo, el Parlamento Europeo aprobó en febrero un préstamo de 90.000 millones de euros para armas en países europeos. El cansancio en Ucrania es evidente, pero buscan una paz justa que refleje su sufrimiento, no una rendición. La luz persiste en el orgullo nacional ucraniano ante la adversidad.