Rusia está planeando aumentar sus capacidades militares en el futuro, lo que incrementará su postura y disposición militar a lo largo de las fronteras bálticas, finlandesas y noruegas. Sin embargo, no se reconoce actualmente ninguna intención de atacar a ningún país de la OTAN. Entre los planes de Rusia se encuentra sabotear esa determinación, percibiendo como un desafío futuro las actividades que Rusia realiza trabajando con diferentes poderes políticos o partidos, otros grupos dispuestos a promover intereses y narrativas rusas, con el objetivo de ralentizar o detener a Europa en este sentido.
Pese a que el primer ministro húngaro calificó a Ucrania de país enemigo y exigió que no se le envíe dinero, en febrero el Parlamento Europeo aprobó un préstamo de 90.000 millones de euros para respaldar a Ucrania, especialmente en la compra de armas que deberán adquirirse en países europeos. Este plan reforzará de un plumazo tanto la defensa de Ucrania como a los fabricantes europeos de armas, mientras el muro de contención de la agresión rusa sigue siendo Ucrania.
En Ucrania, el cansancio es evidente tras cuatro años de invasión rusa; todos firmarían una paz justa que refleje el sufrimiento pagado, pero no una rendición incondicional. El orgullo nacional se crea ante la adversidad, y testimonios hablan de la oscuridad tras ataques nocturnos, con escasa luz pero esperanza interna en cada ucraniano para perseverar.