Turquía se ingresa en vuelo directo desde Buenos Aires a Estambul, un lugar increíble cargado de historia, costumbres, paisajes sorprendentes y curiosidades que toma varios días descubrir. Prefiriendo dejar el recorrido por Estambul para otra ocasión, la propuesta es explorar sitios maravillosos poco imaginados, con varias opciones para recorrer profundamente el país, como por tierra visitando ciudades y sitios con noches en hoteles maravillosos.
El recorrido continúa descubriendo un gran abanico de experiencias, culturas diferentes y lugares intactos que tienen más de 2.000 años de historia. Llegando a la provincia de Denizli, en el corazón asiático de Turquía y lo que fuera en tiempos del Imperio Romano la gran y productiva tierra de Anatolia. En el camino se encuentran grandes y modernas ciudades como Esmirna, en las costas del mar Egeo, la tercera urbe más poblada de Turquía después de Estambul y Ankara, el segundo puerto más importante y la ciudad más poblada del mar Egeo, superando a regiones urbanas de su vecina Grecia.
Atravesando fantásticas rutas construidas en circuitos del comercio de oriente de hace miles de años, el camino sube en altura dejando las costas del Egeo e internándose en el valle del río Menderes para llegar a la joya turística de Turquía, la famosa región de Pamukkale. Esta zona de aguas termales, ubicada en el sureste de la península de Anatolia, actúa como puerta de entrada entre el Egeo de Anatolia y el Mediterráneo. Aquí se encuentran las ruinas de Hierápolis, una de las ciudades griegas más antiguas, fundada por griegos y fusionada con el Imperio Romano, considerada la primera ciudad greco-romana de la historia.
Visitantes hoy pueden hacer caminatas por los restos de Hierápolis, viendo columnas griegas, sitios arqueológicos y el imponente anfiteatro, además de la famosa piscina termal de Cleopatra, llena de mística donde la mitología dice que la reina egipcia llegaba para baños que le daban sanación y vida eterna. Desde la cima de los cerros, se traspasa un pórtico de más de 2.200 años para ingresar a piletas de sanación griegas conocidas como el Castillo Blanco, apodado también Castillo de Algodón por su forma lejana.
La formación geológica de Pamukkale proviene de terremotos y movimientos tectónicos hace unos 2.000 años, abriendo grietas por donde emanan aguas termales ricas en minerales como la creta, dando el color blanco profundo usado para tizas. El lugar parece un paisaje lunar con terrazas de 60-70 metros de altura, filetes y vertientes naturales. El recorrido toma al menos un día, con vestigios de la antigua ciudadanía, historias y mitos de la era cristiana. Al atardecer, el sol crea tonalidades mágicas con el caserío, montañas nevadas y vegetación, convirtiéndolo en un espectáculo indescriptible y fuente de inspiración.