En Brasil, solo el 3% de los médicos son negros y el 25% se identifican como mestizos, una representación muy inferior al 55,5% de la población que se autodeclara negra según el último censo. El racismo estructural agrava la desigualdad racial en el gigante latinoamericano, afectando especialmente la salud de los afrodescendientes.
La mortalidad materna de mujeres negras es el doble que la de las blancas, de acuerdo con datos del Instituto de Estudios para la Política de Salud. Además, dos de cada tres mujeres sufren violencia obstétrica durante el parto, según un estudio de la Fiocruz, con mayor riesgo para las embarazadas negras como María, quien optó por una partera negra para un parto humanizado.
Ariana creó el proyecto Sankofa para combatir esta realidad, atendiendo a embarazadas negras de la periferia con tarifas sociales e intercambios de servicios, cobrando incluso solo dos dólares en casos simbólicos. El racismo también afecta a profesionales: Víctor fundó el primer consultorio odontológico afrocentrado, Ayo, donde todos los empleados son afrodescendientes, ofreciendo un espacio seguro libre de prejuicios.
Pacientes como una mujer que rechazó a Víctor por su color de piel ilustran el racismo clínico cotidiano. La clínica atiende a todos, pero enfoca en afrobrasileños que se sienten juzgados por su condición económica.
Hasta aquí este episodio de África a Siete Días, destacando cambios graduales contra el racismo en la salud brasileña.