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Protestas en Irán escalan con masacres brutales, remates a heridos y morgues llenas de cadáveres

Izquierda · gritos · ataque

Las protestas en Irán han tomado un giro violento, con comerciantes de bazares en Teherán cerrando sus tiendas en huelga por la crisis económica, donde la inflación supera el 50%. Estos manifestantes, desesperados por no poder importar ni vender, se unieron a concentraciones espontáneas que se extendieron a ciudades como Malardo, Qashem, Hamadan y Kerman. Desde el primer día, las fuerzas de seguridad reprimieron con extrema dureza, abriendo fuego contra los manifestantes y dejando montones de cuerpos apilados en hospitales cubiertos de sangre, donde el suero de urgencias chapoteaba al correr.

Testimonios desgarradores revelan escenas de caos: una madre que robó el cuerpo de su hija Rubina de una morgue para evitar que se lo quitaran, familias buscando entre cientos de cadáveres en el Instituto Médico Legal de Karisak, y francotiradores apuntando a cabezas y ojos para matar o cegar. Motocicletas con tiradores disparaban a quemarropa, carros con ametralladoras barrían las calles, y heridos eran rematados sin piedad, sin importar edad o género, inundando las calles de sangre mientras el régimen cortaba internet, teléfonos y luces para ocultar la masacre.

La ONG Human Rights Activist in Iran recopiló miles de evidencias: videos, fotos e informes médicos que confirman ejecuciones masivas con balas en la frente, niños mutilados y una política deliberada de disparar a matar. En cementerios como Behesh Tezahra en Teherán e Isfahan, se excavaron áreas equivalentes a campos de fútbol para entierros masivos. El líder supremo Ali Khamenei amenazó a los manifestantes en un discurso público, justificando la represión sin concesiones, mientras familias debían pagar 400-500 euros por bala y firmar confesiones falsas para recuperar cuerpos.

Se verificaron más de 6.800 muertes, con estimaciones superiores a 11.000 fallecidos, 11.000 heridos graves y cerca de 50.000 detenciones arbitrarias, muchas con torturas. Cuando internet volvió, mensajes cortos reflejaban shock y paranoia: gente agotada, furiosa, borrando historiales por miedo, describiendo una semana como en zona de guerra, con el país paralizado emocionalmente.