Las negociaciones para frenar la guerra entre Rusia y Ucrania en Ginebra terminaron sin progresos concretos, con mediación de Estados Unidos. Las posiciones permanecen enfrentadas, pese a la búsqueda de una salida diplomática.
Antes del diálogo, Rusia lanzó misiles contra ciudades ucranianas como Sumy, Zaporiyia y Dnipro, causando al menos 5 muertos y más de 20 heridos. Kiev acusa a Moscú de falta de voluntad para la paz, mientras Ucrania exige recuperación territorial total y garantías de seguridad, y Rusia mantiene exigencias estratégicas y cuestiona a la Unión Europea.
El impacto humanitario empeora, con UNICEF reportando destrucción de infraestructura, desplazamientos y falta de servicios básicos para niños. La tercera ronda mostró optimismo cauteloso en cese al fuego militar, pero el problema político persiste en el Donbás, donde Rusia busca control total y Trump presiona a Zelensky para ceder territorio, elecciones y posible plebiscito.
En entrevista con analista Gabriel Puricelli, se destaca que las negociaciones favorecen a Rusia por la postura de Trump, quien acepta influencia rusa en Europa y debilita a Ucrania. Rusia avanza territorialmente durante el diálogo, mientras Europa permanece perpleja ante el giro estadounidense, con apoyo a extrema derecha y demandas de mayor gasto en defensa compartida.
Puricelli advierte que el replanteo estratégico de Trump podría perdurar, forzando a Europa a recortar el Estado de Bienestar para defensa, aunque demócratas rechazarían esferas de influencia. El conflicto cumple cuatro años esta semana, con Putin manejando a su manera.