Rodrigo Gómez, el soldado que se suicidó en la Quinta Presidencial, fue víctima de una banda de extorsionadores que lo volvieron loco con un perfil falso de una menor de edad, intercambiando fotos y material para chantajearlo. Pagó casi un millón y medio de pesos antes de quitarse la vida, dejando una carta desesperada. La banda no solo incluía presos con celulares en cárceles como Magdalena y Olmos, sino también a una mujer militante del movimiento Evita que trabajaba en el centro de monitoreo de Monterrey, monitoreando cámaras para combatir la delincuencia pero usándolo para la mafia.
Esta mujer, contratada en 2025 sin antecedentes penales, fue despedida la semana pasada y puesta a disposición de la jueza Arroyo Salgado, quien investiga la causa con allanamientos en penales donde cuatro mujeres facilitaban los vínculos con víctimas. El municipio asegura que la apartaron, pero surge la pregunta: ¿quién hace los castings en la administración pública? ¿Cómo llegó alguien así a un puesto clave de seguridad, pasando datos a delincuentes y dando veracidad a las llamadas con fondos de comentarios policiales?
Los audios de extorsión son terroríficos: presos haciendo lives en TikTok mostrando tutoriales de cómo amenazar con ir al domicilio, tener documentos grabados y forzar pagos. De fondo, se oyen llamadas reales como "Haceme caso porque puede ser mi hijo, tengo 58 años y tengo un pibe internado", demostrando la impunidad total adentro de las cárceles. No solo celulares, sino chips escondidos en rollos de papel higiénico introducidos por visitas, y hasta líneas fijas en celdas como la de Guille Catero en la época de Alberto Fernández.
Guardias carcelarios detenidos en Santa Fe y otros lugares por cobrar por introducir chips y teléfonos convierten esto en un negocio millonario. La indignación crece: ¿cómo se permite que delincuentes sigan operando desde adentro, extorsionando a inocentes hasta la muerte? A partir de marzo, un decreto sacará los celulares de todos los penales, pero el daño ya está hecho en casos como este.