En las últimas horas, un motociclista de 25 años que practica Muay Thai termina matando a un albañil de 54 años durante una riña vial en Ranelagh. El conflicto inicia cuando el auto del albañil encierra al motociclista, quien reacciona pateando la puerta, rompiendo el vidrio y golpeando al conductor. El automovilista se baja con un palo o fierro para defenderse, pero el joven lo derriba de una trompada letal en la cabeza, causándole la muerte en el lugar.
El motociclista, que sabe golpear por su entrenamiento en artes marciales, enfrenta agravantes legales como el conocimiento del daño que puede causar un golpe suyo, configurando un homicidio preterintencional o en riña. Videos de cámaras muestran la previa: un toque o encerrona, persecución, y la escalada a violencia extrema sin intervención de testigos, reflejando la pasividad generalizada y la agresividad en las calles argentinas.
La víctima, un laburante con esposa e hijas que volvía a casa tras su jornada, muere trágicamente a pocas cuadras de su hogar. El homicida está detenido, y se destaca que su práctica de Muay Thai complica su defensa, aunque podría alegar legítima defensa contra el ataque con palo. Este caso ilustra cómo un incidente menor en el tránsito, reflejo de la sociedad violenta, termina en fatalidad absoluta.
No es respuesta adecuada ni patear ni bajar con un palo; ambos escalaron, pero el golpe letal del entrenado agrava todo. La justicia encuadrará en homicidio con conocimiento del daño, ya que un peleador sabe el poder destructivo de sus puños, como si manejara a 180 km/h borracho.