La colección de alhajas de Elizabeth Taylor es considerada una de las más impresionantes, solo superada por la de la reina Isabel II. Entre sus piezas destacadas se encuentran tres emblemáticas que reflejan su pasión por las joyas, impulsada por su activa vida amorosa y los obsequios extravagantes de sus maridos.
El diamante Taylor Burton, de 68 quilates, fue adquirido por Richard Burton en 1968 por 1.100.000 dólares, la suma más alta pagada por una joya en ese momento. Debutó en el cuello de Taylor como collar en el cumpleaños 40 de Grace Kelly, transportado con guardias armados desde EE.UU. hasta Mónaco.
Otra pieza icónica es la perla Peregrina, con casi cinco siglos de historia desde su hallazgo en Panamá en 1580. Pasó por reyes como Felipe II, Felipe III y Napoleón III, hasta que Burton la compró en subasta para Taylor, quien la engarzó en un collar de rubíes y diamantes por Cartier. Se vendió por 11.800.000 dólares en 2011.
El diamante Krupp, de 33,19 quilates, perteneció originalmente a Vera Krupp, esposa de un industrial aliado de Hitler, y fue comprado por Burton por 307.000 dólares en 1968, consolidando la legendaria colección de la actriz.