En las costas de Grecia, decenas de granjas piscifactorías abandonadas, conocidas como "granjas fantasma", pudren estructuras que contaminan el agua, esparcen plásticos y matan vida marina. Estas instalaciones, visibles desde el aire pero ignoradas, representan un delito ambiental global, con similares problemas en Chile y Canadá, contribuyendo a la basura plástica en océanos.
En Metana, cerca de Atenas, Verónica Micos y su equipo desmantelan una piscifactoría de 1993 abandonada desde 2011 por problemas con licencias. A primera vista es trágico, con redes enredadas que atrapan peces salvajes y liberan microplásticos que perduran siglos. Activistas como Tasos Filipides de una ONG griega han identificado más de 100 posibles emplazamientos, al menos 22 confirmados, con propietarios conocidos pero sin control jurídico efectivo.
El proceso de limpieza es peligroso y caótico: buzos especializados enfrentan laberintos submarinos cubiertos de sedimentos y vida marina, elevan redes y anillos con globos hasta barcos como el Tifun. Healthy Seas depende de patrocinadores privados, ya que el gobierno solo permite sin apoyar, y tomó un año obtener permiso para evitar demandas como la de Oson por medio millón de euros. Una ONG critica que el gobierno planea expandir acuicultura en 24 áreas sin mejorar prácticas.
La Asociación Griega de Acuicultura Hapo no respondió consultas. Por ahora, esta granja en Metana ha desaparecido, pero su legado de microplásticos y residuos propagados por corrientes marinas contaminará por siglos, superando la vida de cualquier humano local.