El ex príncipe Andrés de Windsor fue interrogado durante 11 horas por la policía británica en relación con sus nexos con el fallecido empresario Jeffrey Epstein, acusado de tráfico sexual de menores. Expulsado previamente de la familia real por el rey Carlos III, Andrés enfrenta renovado escrutinio público tras años de silencio institucional. La corresponsal Debbie Francino en Londres detalla que el rey Carlos lo apartó de la familia real, similar a casos en España, reduciendo sus funciones públicas para evitar escrutinio.
La familia real actual consiste en el rey Carlos III, la reina Camila, el príncipe de Gales y su familia, con figuras como Sophie de Wessex asumiendo roles. Harry fue removido, pero otros como las hijas de Andrés y Sarah Ferguson mantienen funciones limitadas. El acto fue sigiloso y respetuoso, apartándolo de actos públicos, aunque el interrogatorio marca un nuevo nivel de investigación, con allanamientos y fotos del príncipe en autos policiales.
Se revelan correos de Sarah Ferguson pidiendo trabajo a Epstein, alegando necesidades financieras y ofreciendo contactos, lo que salpica a la ex duquesa. La investigación se centra en la mala conducta de Andrés al compartir información real con Epstein. Además, la princesa Mette-Marit de Noruega mantuvo contactos similares, mostrando cómo el caso Epstein impacta múltiples casas reales europeas, generando fake news y escándalo global.
La cobertura inicial fue blindada en medios británicos, pero imágenes y denuncias, incluyendo una foto de Andrés con una joven en la casa de Ghislaine Maxwell, revivieron el caso. Se pagaron 11 millones de euros a una víctima para silenciarla. El rey Carlos III enfrenta impopularidad, con el pueblo aspirando a William como sucesor, mientras la realeza maneja el escándalo con secretismo en redes oficiales.