Vuelos de corta distancia a todas horas de aeropuertos abarrotados. Hay una alternativa mejor, viajar de noche de forma respetuosa con el clima. Pero los trenes nocturnos son caros, incómodos y cada vez se suprimen más conexiones. Pero hay esperanza en un taller berlinés donde trabajan en la próxima generación de trenes nocturnos.
Una protesta en pijama, con pancartas y peluches. Su demanda, poder viajar por Europa en trenes nocturnos. En la antevíspera de la estación central de Berlín está a punto de llegar el tren con destino a Zúrich. Ahí está, lo saludan con entusiasmo. Esta manifestación se ha replicado en un total de 12 estaciones de tren europeas, entre ellas las de Gelsenkirchen, Zúrich, Ámsterdam y Lisboa, a pesar de las gélidas temperaturas.
Los manifestantes destacan el ambiente en compartimentos, historias fantásticas, el sueño plácido al despertar en un lugar diferente, y su impacto ambiental más respetuoso que volar. Exigen ampliar conexiones con España, Grecia o los Balcanes, pero Europa reduce su red, especialmente operadores estatales. Rutas como París-Berlín-Viena se cerraron por corte de subvenciones, y Estocolmo-Berlín pende de un hilo.
Entre manifestantes, Anton Dubrau, fundador de una startup con su colega Hendrik, diseña minicabinas individuales: asiento convertible en cama, ventana, mesa desplegable, espacio para trayectos diurnos. Ya en séptima versión, buscan ahorrar espacio para rentabilidad, capacidad para casi 700 pasajeros en dos plantas, reacondicionando trenes antiguos. Precio estimado: 100 euros por 1.000 km, similar a aviones pero con confort.
Aún obstáculos como burocracia, vías, inversión. Quieren alternativa real al avión, cómoda y climáticamente amigable.