Los trenes nocturnos en Europa representan una alternativa ecológica al avión, emitiendo solo 22 gramos de CO2 por pasajero y kilómetro, frente a casi seis veces más en vuelos. A diferencia de los autos, especialmente los grandes con un solo ocupante, los trenes ahorran energía y generan electricidad mediante frenado regenerativo, posicionándose como el medio de transporte más eficiente energéticamente.
El proyecto de Anton Dubrau y su equipo, financiado con cientos de miles de euros de inversores y subvenciones, diseña cabinas individuales que convierten asientos en camas, maximizando el espacio para hasta 700 pasajeros por tren en dos plantas. Estas cabinas permiten trayectos diurnos y nocturnos, con precios competitivos como 100 euros para 1.000 kilómetros, similares a los aviones pero con mayor confort y menor impacto ambiental.
Aunque la producción en serie se estima para 2030, alineada con los planes de la Comisión Europea para duplicar pasajeros en tren, persisten desafíos como burocracia, inversión y construcción. La startup ha evolucionado de maquetas de cartón a la séptima versión, convencida de ofrecer una opción real contra el volar, que es práctico pero perjudicial para el clima.
Manifestantes exigen más conexiones, pero las redes se reducen por falta de subvenciones, con rutas como París-Berlín cerradas prematuramente. Operadores privados intentan asumir rutas, pero con plazas limitadas y altos costos, la innovación en cabinas busca hacerlos rentables y atractivos.