La tensión bélica entre Estados Unidos e Irán escala con despliegues militares masivos de Washington, incluyendo portaaviones como el Gerard Ford y el Abraham Lincoln posicionados en el Mediterráneo y cercanías de Irán. Donald Trump emitió un ultimátum de 10 días para un acuerdo nuclear, amenazando acciones si no hay avances, tras fallidas conversaciones en Ginebra entre representantes estadounidenses e iraníes. Irán responde con promesas de reciprocidad implacable, mientras Rusia se suma a ejercicios navales de Teherán.
Analistas como Luciano Sacara desde Qatar destacan el riesgo concreto de guerra, con rumores constantes de un ataque inminente y presión regional de países del Golfo, Pakistán, Turquía y Egipto para evitarlo. Se menciona la Guerra de los 12 días y el desgaste del régimen iraní, con posibles salidas diplomáticas en Suiza, territorio neutro. Sin embargo, las aspiraciones de Trump en política exterior complican cualquier retroceso de EE.UU. tras el despliegue.
Alejandro Corbacho subraya el rol de Israel, que busca una resolución rápida y presiona contra el programa nuclear, misiles y apoyo iraní a milicias como Hamas, Hezbollah y hutíes en Yemen. Se discute el control de Hamas en Gaza y la necesidad de una fuerza neutral. Líneas rojas mutuas en negociaciones incluyen enriquecimiento nuclear, con un trascendido de que EE.UU. podría aceptar un porcentaje bajo, similar al acuerdo de 2015, para salvar la cara a Irán.
La diplomacia coercitiva de Trump muestra palos sin zanahorias: demandas de enriquecimiento cero, misiles limitados a 300 km y ruptura de alianzas regionales, sin garantías para Irán, que ve su programa misilístico como disuasión ante invasiones pasadas. Países del Golfo temen impactos en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial. Irán gana tiempo, recuperando capacidades mientras EE.UU. enfrenta escasez de materiales por múltiples conflictos.
El panel debate si hay avances en diálogos subsuperficie, con posible concesión en enriquecimiento para un acuerdo que permita a Irán venderlo internamente. El estilo de Trump impone disuasión mediante fuerza militar antes de negociar, pero el régimen iraní, debilitado económicamente y por ataques a aliados, resiste. La región busca evitar una confrontación que elimine al régimen, una apuesta durísima e ilegítima.